Encontré, en uno de los cajones de mi cuarto, este cuento, que es el primero que escribí. Su fecha aproximada es enero de 2005. Yo estaba en vacaciones de cuarto para quinto de secundaria. Aquí se los dejo. (Obviamente, ha sido corregido).
–Mis viejos se van a enojar. Me van a castigar por tu culpa.
–No jodas, Fernando. Yo no te obligué a venir.
–¿Ah no? ¿Y todo ese floro que me metiste?
–No es mi culpa que seas huevón. Además, no te mentí.
–¿Así? Entonces dime ¿dónde se supone que está Delia?
–Ya va a venir. Yo vi cuando Janet y ella compraron las entradas.
–Eso no quiere decir nada. Tal vez Delia solo estaba acompañando a Janet.
–Pero tú sabes que las dos van juntas a todas a partes.
–Cierto. Pero a Delia no le gusta este tipo de música.
–A ti tampoco y estás aquí.
–¡Carajo! ¡Porque tú me trajiste, pues, huevón!
–¡Puta madre! ¡No vas a conseguir nada con ese caracter de mierda!
–Ya no jodas y saca tu entrada que vamos a llegar a la puerta.
–Bueno, pero no te enojes... ¡Chanfle! ¡No está!
–Oe, chavito, pusiste tu entrada en tu billetera, así que saca tu mano del bolsillo, pajero de mierda.
–Ya, era solo una rascadita. Y deja de quejarte que ya estamos dentro.
–¡Al fin! Leo, me tuviste para hora y media para entrar a un concierto lleno de gente que no me inspira la más mínima confianza para ver grupos que nadie escucha...
–Tú no los escucharás.
–Y Delia tampoco. Por eso no creo que esté aquí.
–¿Seguro?
–Sí. te apuesto lo que quieras.
–No, gracias. No me gustan las apuestas injustas.
–Eso es mentira.
–Sí, tienes razón. Pero igual, mira quién está allá.
–¡Delia y Janet! Están juntas. Me cagaste.
–Como siempre. Vamos donde ellas de una vez.
***
–Mira Julieta, ahí está tu Romeo.
–No molestes, Janet.
–Oye, si él no se te manda, ¿por qué no lo haces tú, Delia?
–¿Estás loca? ¡Qué roche!
–Sí, ¿no? ¿Para qué te enamoras, entonces, si te da roche?
–No te burles. Tú sabes como soy.
–Sí. Tú eres Santa Delia Virgen y Mártir.
–Ya párala, Janet. No sé cómo pudiste convencerme de venir acá. Ni siquiera me gusta el punk.
–Es un grupo de hardcore y otro de nu metal.
–De lo que sea, a mí no me gusta. Y que yo sepa a Fernando tampoco. ¿Qué hace él acá?
–¿No ves que está con Leo?
–Sí, con tu primo Leo. ¿Qué planearon ustedes dos?
–Nada, estás loca.
–Sí, ¿verdad?
–Ya, prepárate que están viniendo hacia acá.
–¿En serio?
–¡Ay, mierda! Cojuda.
–¿Qué?
–Me pisaste.
***
–Hola, Delia, Janet. ¿Qué hacen por acá?
–Aquí, pues, solo venimos a escuchar un poco de música. Y ustedes, Leo, Fernando, ¿cómo están?
–Listos para armar pogo. Pero primero, Janet...
–¿Qué pasa, Leo?
–¿Sabes dónde está el baño?
–Ven por acá... Fernando, Delia, ya venimos.
–Sí, no demoramos.
***
–Hola, Delia.
–¡Qué tal! ¿Cómo has estado, Fernando?
–Bien, ¿y tú?
–También.
–¡Qué bueno!
–Sí.
–Ah... una cosa... eh... ¿qué haces por acá si no te gusta este tipo de música?
–Vine acompañando a... ¿y cómo sabes que no me gusta?
–Me lo dijo Janet.
–Ah... A ella vine acompañándola. Por cierto, Janet también me dijo que a ti tampoco te gusta esta música.
–No me gusta. Yo vine acompañando a Leo.
–Ah... Se están demorando mucho, ¿no crees?
–Sí, ¿algo les habrá pasado?
–No creo. Parece como si se estuvieran demorando a propósito.
–Pero, ¿por qué harían eso? No hay ningún motivo, ¿o sí?
–No, ninguno.
***
–¿Siguen ahí?
–Sí, parecen dos niñitos. Leo, ¿cuánto tiempo ya están así?
–Como media hora.
–Puta madre. Justo tenían que enamorarse el baboso y la zonza.
***
–¿Siempre demoran tanto estos conciertos?
–Son grupos nacionales. ¡Qué se puede esperar!
–Sí, pues. Qué pena, ¿no?
–Sí... ah... Delia... yo... hace ti... tiempo que qui... quiero de... decirte algo...
–Ah... este... sí ... y... ¿qué cos... cosa es?
–Este... quiero saber... si ... tú y yo...
–¿Tú y yo qué?
–Si... nosotros... podríamos... ¡Ah!
–¿Qué? ¿Qué ocurre?
–No, nada. Es el vibrador del celular. Dame un minuto, ¿sí?
***
–¿Aló?
–¿Dónde estás?
–¿Papá?
–¿Dónde estás y con quién?
–Estoy con Leo.
–¿Dónde?
–En su casa.
–Mentira. Ya llamé ahí. Sé que estás con él, pero no en su casa.
–...
–Ven para acá inmediatamente.
–Voy en un toque.
–¡No! En este momento.
–Pero, papá...
–¡Nada! ¡Viene ahora y punto!
***
–Leo, Fernando está hablando por celular.
–¡Conchesumadre! Seguro es su viejo.
–Eso quiere decir que...
–Sí, ya se va.
–O sea, cagados. Todo nuestro esfuerzo se fue a la mierda.
–Puta madre, tenías razón. Son un baboso y una zonza.
***
–¿Qué pasa, Fernando?
–Tengo que irme.
–¿Por qué?
–Después te explico.
–Pero, ¿qué querías decirme?
–Después te digo. Tengo que irme. Nos vemos.
–Está bien. Cuídate.
***
–Vete a tu cuarto.
–Papá, yo...
–Mañana hablamos. Ahora vete a tu cuarto.
***
–Bueno, otra vez tirado en tu cama. Y ahora, ¿qué puedes decirte que no te hayas dicho antes? Algo que no sepas. Piensa, piensa, piensa... Nada. Lo de siempre nomás: Fernando Castro, eres un idiota.
Juan+Pablo+BustamanteFuego+de+Payaso